¡Escógeme!: Diez

Diez:

A la mañana siguiente estaba tan nerviosa que no sabía a quien acudir. Al principio pensó en llamar a sus futuros suegros, pero hacerlo les pondría en alarma a ellos. También pensó en comunicarse con alguno de sus amigos, pero recordó que Itachi no tenía. Él era solitario, no tenía simpatizantes y jamás le habló de alguien con el que tuviera confianza, por lo que asustada decidió ir a buscarlo por sus propios medios. Cogió las llaves del coche y comenzó a conducir. Primero fue a la casa de los Uchiha, caminó por los alrededores y después volvió a subir a su transporte, después siguió hacia la empresa, repitió lo mismo y como último recurso fue a su casa y empresa, pensando que a lo mejor podría estar intentando hablar con sus padres.

Estuvo dando vueltas durante tanto tiempo que se quedó sin gasolina y el coche se le paró al medio de la carretera. Llamó a la grúa antes de informar a su padre de la situación en la que se encontraba y mientras esperaba recibió un mensaje un tanto aterrador...

Nunca antes había acudido a la policía. A decir verdad, jamás había cruzado una palabra con uno, por eso verse sentada en la comisaría, contándole lo ocurrido a un agente de la ley le parecía tan absurdo que durante algunos minutos se sintió protagonista de una seria policial. El agente era muy amable, tomo nota de todo y prometió averiguar todo sobre Itachi. Supo por su primo, quien le acompañó a la comisaría, que como era un Uchiha harían todos los trámites más rápidos, además con aquel claro mensaje amenazante no podían tardar mucho en actuar. Tampoco es que dijera nada extraño, tan sólo habían enviado una foto de él y abajo un escrito que debían entregarle quince millones de yenes antes del anochecer o sino lo matarían. Era un claro secuestro por asuntos de dinero, pero claro, ellos nunca habían salido por la televisión, incluso cuando su compromiso se iba a hacer sus padres mantuvieron bastante secreto en toda la unión, por eso que alguien conociera su paradero incluso su número era bastante sospechoso.

Nada más llegar a la mansión Hyuga su padre comenzó a mover a todo el personal de la casa, investigó cada habitación, interrogó a cada persona y repitió lo mismo con cada miembro de su empresa. Después de casi diez horas de investigación comprendieron que el sospechoso no estaba ahí, por lo que no tuvieron más remedio que avisar a los Uchiha. La noticia no sentó nada bien a el cabeza de familia, y se negó a hacer semejante alarde de falta de confianza, por lo que Hinata tuvo que volver a casa con la sensación de que Itachi estaba apunto de morir. Sabía que debía hacer algo y ese algo era una completa locura, pero si los Uchiha no iban a mover un dedo por su prometido lo haría ella... después de todo el amor era eso, sacrificio.

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